Por Jimena Tapia Arenas
Camila Perochena es de esas voces que logran tender puentes entre el pasado y el presente. Historiadora, comunicadora clara y con fuerte presencia en los medios, su trabajo en torno a la memoria política argentina resuena con la fuerza de quien sabe que el pasado cuanta las razones del presente actual. En esta charla, nos abre su mundo: su historia, los cruces entre periodismo e historia, y una pregunta que siempre vuelve: ¿cómo se narra el tiempo?
P.: ¿Cómo te enamoraste de la historia? ¿De dónde surgió esa pasión?
C.P.: En mi adolescencia yo estaba enamorada de otra profesión que era el ballet, porque bailaba en el Colón, así lo que yo deseaba ser de joven era ser bailarina y era lo que me obsesionaba. Pero mi mamá es historiadora, y si bien, me encantaba el ballet, la historia en mi casa siempre estuvo presente. Se hablaba mucho de historia, viajábamos mucho y escuchábamos relatos. Me encantaba escuchar a mi mamá contar historias.
Lo que yo deseaba ser de joven era ser bailarina y era lo que me obsesionaba. Pero mi mamá es historiadora, y si bien, me encantaba el ballet, la historia en mi casa siempre estuvo presente.
P.: ¿Cómo fue tu recorrido como historiadora?
C.P.: Yo hago historia política. Y después que dejé el Colón hice muchos años de teatro, estaba en un grupo de improvisación, actuábamos todos los jueves y sábados en Rosario, era muy conocido. Y todo eso tanto el balé como el teatro, no solo me ayudó para interesarme en la historia, sino también para después trabajar en medio. Para mí, es de las cosas que más me ayudó a pararme frente a un curso, a una cámara, enfrentarme a preguntas que no tenía pensadas.
P.: ¿Cómo haces para que chicos de 18 años o menos se interesen en procesos de la historia que no son tan atractivos de estudiar?
C.P.: Hacer teatro me ayudó a buscarle la vuelta, volver algo tan denso de estudios como es las Reformas Protestantes, en algo ligero, atractivo y fácil de estudiar. Por ejemplo, haciendo chistes o imitaciones para los chicos.
Hacer teatro me ayudó a buscarle la vuelta, volver algo tan denso de estudios como es las Reformas Protestantes, en algo ligero, atractivo y fácil de estudiar.
P.: ¿Cómo ves la relación entre el trabajo del historiador y del periodista?
C.P.: Tanto para los periodistas e historiadores tienen que saber contar historias. Hoy más que nada de lo que vive el periodismo es contar historias, el periodismo se convirtió en algo bidireccional, cuando los medios comenzaron a recibir feedbacks de los clips para el tiempo de permanencia de una nota, se dieron cuenta de algo: ¨que las historias que antes eran algo menor dentro del género periodístico, hoy funcionaban. ¨ Hoy La Nación tiene una sección de historias.

Mi rol público no es como ciudadana sino como historiadora profesional y mi intervención en el espacio público siempre intento que sea desde un lugar de la historiografía profesional y que no esté guiada por mis simpatías presentes.
P.: Como historiadora con formación académica y con una fuerte presencia en los medios, siendo una historiadora que se especialista en política, ¿cómo haces para no dar tu juicio o postura política?
C.P.: Para mí eso es muy importante, por ejemplo, mi tema de tesis doctoral fue del kirchnerismo, fue sobre un tema muy cercano, porque cuando yo escribía la tesis Cristina todavía estaba de presidente. Pero para mí fue importante mirarlo con ojos académicos, eso significa tomar distancia. Como ciudadana podía tener un montón de opiniones, sin embargo, como académica tenía que separarme. Tomando esa distancia. Hace que eso no sea ¨explícito¨ ni que sea una bajada de línea. Porque mi rol público no es como ciudadana sino como historiadora profesional y mi intervención en el espacio público siempre intento que sea desde un lugar de la historiografía profesional y que no esté guiada por mis simpatías presentes.


